Explorar nuestros sueños nos ayuda a descubrir partes esenciales de nuestra persona y a deshacernos de patrones impuestos. Son imágenes que nos recuerdan que tenemos una capacidad innata para transformar nuestra vida…

Los sueños nos recuerdan que somos mucho más de lo que creemos ser, nos ponen en contacto con los aspectos controvertidos que tendemos a rechazar y, también, nos conectan con nuestra creatividad, con nuestra imaginación y con una perspectiva saludablemente lúdica. Nos recuerdan que tenemos una capacidad innata para transformar nuestra realidad exterior e interior. Al escuchar tus sueños, fascinarte en su lenguaje y sentir lo que te provocan, preguntarte por su significado e intentar tenerlos en cuenta en la vigilia, estarás ampliando la mirada, favoreciendo el despertar de tu potencial y, en definitiva, tomando mayor conciencia del misterio que eres.

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Es verdad que la mayoría de las veces no recordamos nada al despertar, en ese «olvido» influyen varios factores; algunos de tipo fisiológico, pero la mayoría son de origen psicológico, social o cultural, la buena noticia es que podemos hacer que eso cambie.

Para trascender las falsas limitaciones que te impiden disfrutar de los beneficios de una relación fluida con tus sueños, empieza por proponértelo en serio y coloca papel y lápiz al lado de tu cama.

Tenemos varios pasos para que puedas recordar tus sueños:

  • Procura no usar el despertador: Despierta, siempre que sea posible, sin el sonido de una alarma. Si lo haces de modo natural, ocurrirá al final del último sueño de la noche y te será mucho más fácil recordarlo. Aprovecha los días festivos, cuando estés más relajada y tienes menos obligaciones para recordar tus sueños.
  • No te levantes todavía: Al despertar, no abras los ojos durante un rato y muévete lo menos posible. Tu cuerpo tiene memoria, así que procura mantenerlo en la posición que estabas soñando y, simplemente, observa como se siente.
  • Revisa la escena: Si te despiertas con una imagen en tu mente, quédate con ella y visualízala una y otra vez. No la ignores por trivial o sencilla que parezca. En la mayoría de los casos, será la última imagen de un sueño más largo y, si la retienes lo suficiente, podría aparecer de pronto una imagen anterior.
  • Recopila las imágenes: El recuerdo de los sueños es inverso, a medida que vayan emergiendo escenas previas en la historia, repásalas para que queden fijadas en la memoria. Cuando estés segura de no recordar nada más, anótalas.
  • Ten en cuenta los detalles: Escribe lo que recuerdes, aunque sólo sea un color, una emoción. Por simple que parezca, dale valor anotándolo.
  • Apunta las ideas clave: De entrada, no dediques demasiado tiempo a escribir. Anota aquellas palabras que te ayudarán a anclar cada escena del sueño en tu memoria.
  • Haz tu libro de sueños: Con calma, en el momento en el que leas esas notas breves, disponte a narrar el sueño con detalle en una libreta dedicada a recopilarlos. A medida que vayas escribiendo en ella, verás que las escenas de tus sueños llegan a ti con mayor facilidad.

27 mayo 2

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