Los macronutrientes son las moléculas alimenticias que el cuerpo necesita para producir energía (cuantificable en calorías). Éstos se dividen en tres: proteínas, carbohidratos y lípidos o grasas. Cada uno de ellos aporta diferentes componentes necesarios para el funcionamiento del organismo, por lo que una alimentación completa siempre debe contenerlos.

Proteínas

Las proteínas son las encargadas de aportar energía al cuerpo. Son parte de la maquinaria del organismo, es decir, montan, desmontan y trasladan moléculas dentro de la célula, forman las fibras musculares (que mueven al organismo entero) e interceden en el crecimiento. Están compuestas por aminoácidos, sustancias indispensables para la generación y multiplicación de las células.

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Para ti, una mujer embarazada o que planea estarlo, las proteínas juegan un papel primordial en el desarrollo del feto. Es recomendable consumirlas en mayor cantidad durante la gestación, en especial durante el tercer trimestre, cuando el feto gana alrededor de 30 g de peso al día. El consumo promedio diario de proteínas que una mujer no embarazada necesita es de 46 g. Durante la gestación este consumo debe elevarse a 60-75 gramos diarios.

Las proteínas se encuentran disponibles primordialmente en alimentos de origen animal: carnes, pescado. huevos y productos lácteos. También hay proteínas de origen vegetal, aunque no son tan completas como las animales, éstas se encuentran en cereales (pan, pastas, tortillas), leguminosas (lentejas, frijoles, chícharos, soya) y nueces y semillas (almendras, ajonjolí y semillas de girasol).

Carbohidratos

La importancia de los carbohidratos radica en que son los macronutrientes que aportan energía al organismo para todas las actividades celulares vitales. Su ingesta tiene que ser mayor con relación a las proteínas y los lípidos. Durante el embarazo deben constituir entre 50 y 65% del consumo calórico, es decir, un mínimo de 175 g de carbohidratos para cubrir los requerimientos de glucosa para el cerebro del bebé.

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Existen dos tipos de carbohidratos: los simples y los complejos. Los primeros los absorbe el organismo rápidamente e inducen a la secreción de insulina; ésta última favorece la estimulación del apetito y provoca fácilmente depósitos de grasa en el cuerpo. Los podemos encontrar en el azúcar, la miel, la leche y las frutas. Es importante se precavidos al consumir productos dulces, sobre todos los procesados, ya que contienen altas cantidades de carbohidratos simples. Los carbohidratos complejos son aquellos que el organismo utiliza poco a poco, es decir, son de lenta absorción. Éstos se encuentran en los cereales, las legumbres, las pastas y la mayoría de los tubérculos. Generalmente, los productos procesados que son integrales aportan más fibra y nutrientes de mejor calidad que los elaborados con productos refinados.

Lípídos

Los lípidos son macronutrientes importantes para el organismo debido a su gran aporte energético y a que ayudan en la absorción de vitaminas liposolubles. Se hallan de manera natural en aceites (maíz, oliva, linaza, aguacate), en semillas y nueces, en productos de origen animal (pescado, huevo, carne, embutidos y manteca) y en lácteos (mantequilla, queso y crema).

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A diferencia de los carbohidratos y las proteínas, que aportan 4 kilocalorías por gramo, los lípidos otorgan 9 kilocalorías. Este aporte energético, aunque delicioso, puede hacer que el aumento de peso sea excesivo. No obstante, El limitar drásticamente o eliminar de la dieta las grasas puede ser perjudicial para la salud de la futura madre o del bebé. A través de los lípidos el organismo adquiere elementos que por sí sólo no produce, por ejemplo los aceites omega-3 y omega-6, vitales para el desarrollo del bebé.

Los lípidos están compuestos por ácidos grasos, los cuales pueden dividirse en saturados e insaturados (éstos últimos divididos en monosaturados y poliinsaturados). Las grasas saturadas se encuentran en las grasas animales (excepto las del pescado y huevo) como las provenientes de carnes rojas, de lácteos y alimentos procesados con éstos (queso, crema, helado, entre otros), también en todos los productos fritos, sobre todos los procesados industrialmente. El consumo de las grasas saturadas debe vigilarse, ya que su consumo excesivo aumenta los niveles de colesterol malo en la sangre, provocando problemas vasculares o cardiacos. Por otro lado, las grasas insaturadas aportan ácidos graso omega-3 y omega-6, benéficos para el bebé; éstos se encuentran en aceites como el de girasol, de maíz, de oliva o de soya, en pescados grasos (salmón, trucha, sardinas), en nueces, semillas y en el aguacate. Además, ayudan al desarrollo del sistema nervioso central de l feto más que los saturados.

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