Las infecciones de vías urinarias (IVU) constituyen una de las enfermedades infecciosas más comunes a nivel mundial.

Afectan principalmente a las mujeres, debido a que la anatomía de la mujer tiene características que la hacen más susceptible, como la longitud de la uretra (de apenas unos 3 cm) y la distancia entre el recto y la uretra (conducto de salida de las vías urinarias)

El tracto urinario produce y almacena orina, que es uno de los productos de desecho del cuerpo. La orina se produce en los riñones y viaja por los uréteres hasta la vejiga. La vejiga actúa como contenedor para el almacenamiento de orina, y se vacía durante la micción a través de la uretra, que es un tubo que conecta a la vejiga con la piel. La uretra se conecta al extremo del pene en los hombres y a un área por encima de la vagina en las mujeres.

Los riñones son un par de órganos del tamaño de un puño que se encuentran ubicados en la espalda y que funcionan como sistema de filtrado para filtrar los desechos líquidos de la sangre y eliminarlos del cuerpo en la forma de orina. Los riñones regulan el equilibrio de diferentes elementos químicos en el cuerpo (sodio, potasio, calcio, fósforo y otros) y controla la acidez de la sangre. Los riñones también producen algunas hormonas. Estas hormonas ayudan a regular la tensión arterial, estimulan la producción de glóbulos rojos y promueven la fortaleza de los huesos. Los uréteres son dos tubos musculares que transportan la orina hacia abajo hasta llegar a la vejiga.

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La orina normal es estéril y no contiene bacterias. Sin embargo, es posible que bacterias de la uretra logren ingresar a la orina y viajen hasta la vejiga. Las infecciones de la vejiga se conocen como cistitis y las infecciones de los riñones como pielonefritis. Las infecciones de los riñones son mucho menos frecuentes – pero a menudo más graves – que las infecciones de la vejiga.

Se pueden distinguir distintos tipos de infecciones urinarias:

  • Bacteriuria: bacterias en la orina, que puede ser asintomática, si dos cultivos de orina consecutivos son positivos en un paciente sin síntomas.
  • Infecciones de las vías urinarias (IVU) inferior: comprenden la cistitis (infección de la vejiga) y la uretritis (infección de la uretra).
  • Infecciones del tracto urinario superior: incluye, entre otras afecciones, la pielonefritis aguda; en estos casos la infección alcanza a uno o a ambos riñones.
  • Infecciones urinarias no complicadas: en pacientes con una vía urinaria estructural y funcionalmente normal. Comprende las cistitis y las pielonefritis no complicadas en mujeres jóvenes y sin otras patologías.
  • Infecciones urinarias complicadas: sobre vías urinarias con alteraciones anatómicas o en su funcionamiento, individuos con alteraciones metabólicas, inmunodepresión, o con la participación de patógenos inusuales o resistentes. Las infecciones urinarias en las embarazadas se deben considerar como complicadas.
  • Infecciones urinarias recurrentes: puede tratarse de recidivas (mismo agente causante), o de reinfecciones (distinto agente causante).
  • Infección urinaria crónica: persistencia del mismo microorganismo durante meses o años, con recidivas tras los tratamientos.

¿Cuáles son las causas de una infección de vías urinarias?

Hay grandes cantidades de bacterias que viven en el área rectal y también sobre la piel. Es posible que bacterias de la uretra logren pasar a la orina y viajen hasta la vejiga. Pudiendo, incluso, llegar a los riñones. Pero independientemente de cuán lejos lleguen, las bacterias en el tracto urinario pueden causar problemas.

De la misma manera que algunas personas son más propensas a contagiarse de un resfrío, hay personas que son más propensas a desarrollar una IVU. Las mujeres que han pasado por la menopausia tienen un cambio en el revestimiento de la vagina y pierden los efectos protectores del estrógeno que disminuye la probabilidad de sufrir una IVU. Las mujeres posmenopáusicas que tienen una ITU pueden beneficiarse con el tratamiento de reemplazo de hormonas. Algunas mujeres tienen una predisposición genética a desarrollar una IVU y tienen un tracto urinario que permite a las bacterias adherirse con más facilidad. La actividad sexual también aumenta la frecuencia de las IVU.

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Se ha encontrado que las mujeres que usan diafragmas también presentan un mayor riesgo al compararlas con las que usan otras formas de control de la natalidad. El uso de condones con espermicida también está asociado con un aumento de las IVU en el sexo femenino. Las mujeres son más propensas a las IVU porque tienen uretras más cortas que los hombres, entonces las bacterias deben recorrer una distancia más corta para llegar a la vejiga.

Las probabilidades de contraer una IVU son mayores si el tracto urinario tiene una anomalía o si ha sido sometido a algún procedimiento de manera reciente (por ejemplo, colocación de una sonda). Si no puede orinar normalmente a causa de algún tipo de obstrucción, las probabilidades de desarrollar una IVU también son mayores.

Ciertas enfermedades como la diabetes también ponen a las personas en un mayor riesgo de contraer una IVU a causa de la disminución de la función inmunológica del cuerpo, lo que ocasiona una menor capacidad de combatir infecciones como las IVU.

Las anomalías anatómicas en el tracto urinario también pueden llevar a una IVU. Estas anomalías a menudo se encuentran en niños de corta edad, pero también pueden encontrarse en adultos. Puede haber anomalías estructurales, como bolsas que sobresalen de la pared, llamadas divertículos, y que alojan bacterias en la vejiga o en la uretra, o incluso bloqueos, como la vejiga agrandada, que reducen la capacidad del cuerpo de eliminar la orina de la vejiga por completo.

¿Cuáles son los síntomas de una infección urinaria?

Cuando ocurre una infección de la vía urinaria (IVU), el revestimiento de la vejiga y de la uretra se enrojece e irrita de la misma manera que ocurre con la garganta al contraer un resfrío. La irritación puede causar dolor en el abdomen y en el área de la pelvis y puede ocasionar una sensación de necesidad de vaciar la vejiga con mayor frecuencia. Incluso puede intentar orinar y eliminar sólo unas cuantas gotas de orina y/o sentir un dolor urente (dolor que provoca una sensación de ardor) cuando la orina sale. A veces es posible que pierda el control de la orina. También puede notar que la orina tiene un olor desagradable o que se encuentra turbia.

Las infecciones renales a menudo generan fiebre y causan dolor en la espalda. Estas infecciones deben tratarse con rapidez porque una infección en los riñones puede diseminarse rápidamente al flujo sanguíneo y generar una enfermedad potencialmente letal.

Las IVU a menudo se clasifican como simples (no complicadas) o complicadas. Las IVU simples son infecciones que ocurren en tractos urinarios normales. Las IVU complicadas ocurren en tractos urinarios anormales o cuando las bacterias que causan la infección son resistentes a muchos de los medicamentos antibióticos.

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En general, los síntomas son:

  • Orina turbia o con sangre que puede tener un olor fuerte o fétido (maloliente).
  • Fiebre baja en algunas personas.
  • Dolor o ardor al orinar.
  • Presión o calambres en la parte inferior del abdomen o en la espalda.
  • Fuerte necesidad de orinar con frecuencia, incluso poco después de haber vaciado la vejiga.

Si la infección se agrava, los síntomas son:

  • Escalofríos y temblores o sudoración nocturna.
  • Fatiga y sensación de indisposición general.
  • Fiebre por encima de 38º C.
  • Dolor de costado, en la espalda o la ingle.
  • Piel ruborizada, enrojecida o caliente.
  • Cambios mentales o confusión (en las personas ancianas, estos síntomas a menudo son los únicos signos de una infección de las vías urinarias).
  • Náuseas y vómitos.
  • Dolor abdominal fuerte (algunas veces).

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Por su localización anatómica, los síntomas se dividen en:

1) Cistitis

La clínica básica de la cistitis es la sensación repentina de tener que orinar urgentemente, el dolor-escozor al orinar, la incontinencia, y el dolor en la zona del pubis. Sin embargo, no es frecuente que haya fiebre. La orina pierde su color claro y se puede volver maloliente y sanguinolenta.

2) Uretritis

Se debe pensar en ella cuando se trata de un paciente joven con dolor al orinar, de aparición solapada, o de más de una semana de duración, si existe el antecedente de cambio reciente de pareja sexual, la pareja tuvo una uretritis. En las mujeres cursa con flujo vaginal aumentado.

3) Vaginitis

La vaginitis se caracteriza por flujo vaginal de características anormales, dolor en las relaciones sexuales y picor genital. No suele haber bacterias en la orina.

4) Pielonefritis

La clínica típica de fiebre, dolor lumbar y síntomas de infección urinaria aguda se presenta en un 60% de los casos. También puede acompañarse de náuseas, vómitos e, incluso, diarrea. El dolor puede irradiarse a distintas zonas abdominales y hasta inguinales. En ocasiones, los síntomas de infección de vías bajas preceden a la fiebre y al resto del cuadro de pielonefritis en uno o dos días.

¿Cómo se diagnostica una infección de vías urinarias?

Una historia clínica y exploración física adecuadas aportan los datos suficientes para llegar al diagnóstico de si existe o no infección urinaria en la mayor parte de los casos. Es necesaria la positividad del urocultivo para confirmar el diagnóstico.

Dentro de las pruebas complementarias destacan:

1) Examen general de orina (EGO): para hallar la presencia de leucocitos, bacterias, sangre, los cuales indican infección.

Los resultados anormales varían de acuerdo con los aspectos que se detecten alterados:

  • Aspecto y color: Los cambios en este rubro pueden deberse a la presencia de bacterias, pus, glóbulos rojos, hemorragia renal, deshidratación, fiebre, sudoración excesiva, ictericia o aumento de bilirrubina en la sangre (asociada a problemas en el hígado). No obstante, también suele atribuirse al consumo de algunos alimentos.
  • Olor: Puede modificarse por cetonuria (presencia de cuerpos cetónicos, común en diabetes y trastornos alimenticios como anorexia y bulimia nerviosas), infecciones urinarias y funcionamiento inadecuado del hígado (insuficiencia hepática).
  • pH (acidez): Aumenta por vómito, aspiración pulmonar del contenido gástrico, bacterias en vías urinarias, mal funcionamiento renal o alimentación vegetariana. Por su parte, disminuye en caso de diabetes, diarrea, enfisema (destrucción del tejido de los pulmones, casi siempre por tabaquismo), fiebre, trastornos del sueño y desnutrición extrema (inanición).
  • Proteínas: Son indicadores de daño renal, el cual puede deberse a problemas como hipertensión arterial o diabetes, así como a golpes, infecciones, intoxicación, cáncer, enfermedades autoinmunes (en las que el sistema de defensas se confunde y ataca a los tejidos del propio organismo) y afecciones cardiacas.
  • Gravedad específica: Las cifras aumentan por deshidratación, fiebre, sudoración, vómito, diarrea, trastornos circulatorios, insuficiencia cardiaca (el corazón deja de bombear sangre con eficacia) o tumores; asimismo, disminuyen por hipotermia (baja temperatura corporal), insuficiencia renal (incapacidad para filtrar la sangre adecuadamente) y otras enfermedades de los riñones.
  • Esterasa leucocitaria: Sustancia cuya presencia sugiere que hay glóbulos blancos y, por tanto, infecciones en vías urinarias.
  • Nitritos: Señalan posible presencia de bacterias.
  • Cetonas: Compuestos que ayudan a detectar diabetes y problemas de malnutrición.
  • Cilindros: Partículas en forma de tubo compuestas de glóbulos blancos, rojos o células renales.
  • Glucosa: Tipo de azúcar que circula en la sangre; al detectarse un nivel de glucosa anormal puede indicar algunos problemas metabólicos y regularmente diabetes.
  • Leucocitos: Son las células de defensa o glóbulos blancos; sugieren infecciones o daño de algún tipo en vías urinarias.
  • Cilindros leucocitarios: Indican posible infección renal.
  • Eritrocitos:  También llamados glóbulos rojos, son señal de probable infección urinaria, daño por traumatismo (golpes, accidentes) y distintos tipos de cáncer.
  • Cilindros eritrocitarios: Se presentan en caso de hemorragia renal.

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2) Tiras reactivas: Consiste en una tira de papel impregnada de reactantes químicos que se introduce en la orina y nos arroja los siguientes posibles datos y resultados:

  • pH: Es la medida que se utiliza para medir la acidez de la orina. Un pH menor de 7 se considera bajo y por lo tanto ácido, un pH mayor de 7 se considera alto e indica que la sustancia es básica. Habitualmente la orina tiene un pH que oscila entre 4,5 y 7,5, es decir, es ligeramente ácido.*Un pH menor de 4.5 indica que hay un exceso de sustancias ácidas en el organismo y que se están expulsando. Esto suele suceder en infecciones graves o en la diabetes mellitus no controlada.
    *Un pH mayor de 7.5 principalmente sucede cuando los riñones no son capaces de eliminar las sustancias ácidas de la sangre, de forma que se acumulan y producen alteraciones metabólicas. Esto sucede en la insuficiencia renal.
  • Cuerpos cetónicos: Cuando el cuerpo humano no puede producir energía a través de la glucosa y otros azúcares comienza a quemar ácidos grasos de forma descontrolada. Esto da lugar a la producción de unas sustancias llamadas cuerpos cetónicos, que aparecen en ayunos prolongados y diabetes descompensadas. Lo normal es que en la orina no existan, y cuando los hay se considera una muestra alterada. Se clasifica su gravedad e importancia según la concentración de cetonas:*Leve: 20 mg/dL.
    *Moderada: 30-40 mg/dL.
    *Grave: 80 mg/dL.
  • Nitritos: En la orina hay sustancias de desecho cuyo principal componente es el nitrógeno (por ejemplo, la urea). Cuando hay bacterias en la orina, por una infección, pueden utilizar esos compuestos para alimentarse, para ello transforman los nitratos en nitritos. Por eso la presencia de nitritos en la orina orienta hacia una infección activa.

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3) Cultivo de orina: la probabilidad de detectar la IVU es mayor cuanto más próximo al lugar de producción de la orina se recoja la muestra, por eso es muy importante la técnica de recogida de la orina; debe limpiarse la zona genital, abriendo los labios mayores y pasando una esponja humedecida en agua. Se debe recoger el chorro medio de la micción. Si el paciente es portador de sonda se realiza con aguja y jeringa tras desinfectar el sitio de punción. Debe enviarse inmediatamente al laboratorio.

El cultivo de orina es una de las mejores pruebas, pero aún así puede dar posibles falsos negativos, debido a tratamientos antibióticos, fase temprana de la infección, eficacia de la eliminación de bacterias por el efecto de arrastre de la orina, micción reciente y obstrucción uretral.

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4) Hemograma y bioquímica: puede ayudar en la diferenciación de IVU de vías altas y bajas, fundamentalmente en personas mayores con pocos síntomas y ausencia de fiebre.

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5) Pruebas de imagen: están indicadas en los menores de 5 años que han padecido más de un episodio, en la mujer con IVU recurrente o patología urológica asociada, en pacientes graves o inmunodeprimidos, o cuando se sospecha una complicación.

6) Radiografía simple de abdomen: es la primera exploración que se debe realizar; es conveniente si existe sospecha de cálculos, o si el paciente es diabético y presenta pielonefritis grave.

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7) Ultrasonido abdominal: se trata de la prueba de imagen más utilizada. Es fundamental para descartar dilataciones por cálculos o tumores.

8) TAC: la Tomografía Axial Computarizada es la técnica más sensible para la detección de anomalías renales causadas por la infección y delimitar la extensión de la enfermedad.

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¿Cómo diferenciar una infección urinaria de una infección vaginal?

Aunque ambas infecciones se presentan en el área genital, son totalmente condiciones distintas con diferentes definiciones, causas, síntomas y métodos de tratamiento.

Sin embargo, la comprensión de las diferencias básicas entre estas dos condiciones puede ayudarle a iniciar las medidas de tratamiento en consecuencia.

La infección del tracto urinario es una infección bacteriana que se produce en cualquier parte del tracto urinario que se compone de los riñones, la vejiga, los uréteres o la uretra. Un 80 a 85% de las infecciones del tracto urinario, es causada por la bacteria E. coli.

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La infección por hongos en la zona genital en las mujeres, es una inflamación de la región vulvar causada por el crecimiento excesivo del hongo Cándida albicans.

La infección del tracto urinario y los síntomas, incluyen una sensación de ardor al orinar y una necesidad de orinar con frecuencia. La orina también puede aparecer turbia y con mal olor. La persona también puede experimentar dolor en la parte inferior del abdomen o la espalda.

Mientras que la infección por levaduras se caracteriza por secreción espesa, acompañada de picor intenso, hinchazón e inflamación de la región vulvar. También puede causar dolor o sensación de ardor al orinar o al tener relaciones sexuales.

Cualquiera que sea el caso, se recomienda acudir al médico para que te proporcione el tratamiento adecuado a tu padecimiento y así evitar posibles complicaciones.

Si conoces a alguien que pase por esta situación, compártele esta información utilizando los vínculos en tu pantalla.

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